sábado, 10 de abril de 2010

Revisando el iPad (II)

No sé cómo explicarlo, pero cuanto más uso el iPad, más me gusta, y ciertamente el aparato no es nada del otro mundo. No es un portátil (metamos aquí toda la gama, desde los netbooks hasta las versiones que son más potentes que un fijo). Tampoco es un Tablet ni un convertible. Desde luego no es un reproductor multimedia, ni una consola de juegos, ni un lector de libros electrónicos. No es nada.
Y lo es todo.

Es un lector de libros electrónicos porque tiene varias aplicaciones que permiten realizar la función, algunas de ellas bastante potentes y decentes. Es un reproductor multimedia porque es capaz de reproducir vídeos, audio y sus variantes como los Podcasts. Es un Tablet porque es táctil y porque permite anotar y dibujar con los dedos. Es un portátil porque tiene aplicaciones similares a las de estos, y parece ser que incluso se están preparando aplicaciones con reconocimiento de escritura. Es una consola de juegos porque hay muchos para él, y más que están por salir.

He leído opiniones de todo tipo, y yo mismo las he tenido, desde el rechazo más radical hasta la aceptación incondicional, y como pasa con la mayoría de productos Apple, uno no puede ser neutral.

Lo que menos me gusta del aparato es la calidad de las fuentes, problema que llevan consigo todos los productos Apple. Mi iMac (desde el que escribo esto) también adolece de ese problema, y no es culpa del hardware ni de nadie más que de Apple, porque las calidad de las fuentes cuando estoy ejecutando Windows es exquisita, por lo tanto el problema está en el sistema operativo y en el motor de renderizado. Incluso desde dentro de vmWare Fusion, Windows se ve mejor que el propio sistema.

Y de nuevo no es un problema de hardware, si no del sistema operativo, porque las imágenes se ven cojonudas, e incluso algunos programas mejoran la calidad del texto mostrado. En definitiva, que el renderizado de fuentes es una asignatura pendiente para Apple.

Quitando eso, el iPad me parece un gran producto. Pienso que las evaluaciones negativas vienen de gente que espera que sea un Tablet o un lector de libros o cualquier otro elemento con el que se solape. Desde ese punto de vista, sí, es un mal producto.

Pero es que el iPad no es eso, el iPad es un puente entre todos ellos. Es un aparato para leer libros tumbado en el sofá, es un aparato para ver una película tumbado en el sofá, es un aparato para navegar por internet tumbado en el sofá, es un aparato para jugar tumbado en el sofá, es un aparato para responder a un correo tumbado en el sofá…
El denominador común es “tumbado en el sofá”, lo que quiere decir que no es capaz de hacer nada de esto con la perfección con la que lo haría un aparato dedicado, pero cumple su cometido de forma suficiente y satisfactoria.

Pero lo puedes hacer tumbado en el sofá, y cambiar de una cosa a la otra sin levantarte, sin tener que apagar un cacharro y encender otro. Y creo que la ventaja está ahí, y como pasó con el iPod y las opiniones negativas sobre él, el iPad se hará un hueco imprescindible en muchos lugares, y quizás empiece a sustituir a la consola, al lector de libros e incluso al televisor y al teléfono.

Evidentemente uno puede leer mejor con un lector de libros, pero con él no puede ver un vídeo ni navegar por internet, y menos tocando dos botones y sin levantarse del sofá, y de ahí vendrá, seguro, su éxito.
***
Dejadme que os cuente una cosa. Desde mi punto de vista el iPad da un paso más hacia la informática sin aparatos, o más bien con un solo aparato multifunción, tal y como se ve reflejado en muchas obras de ciencia ficción. Realmente no necesitamos tantos cacharros en casa si tuviéramos uno que hiciera todas las funciones.

Recordemos que los teléfonos móviles empezaron siendo unos simples teléfonos y ahora integran de todo, y la gente los usa para prácticamente todo lo utilizable. Hay quien lee en su iPhone (por no salirnos de Apple), y el que juega, y el que ve un vídeo, y el que navega… Pues bien, ahora podrá hacer eso mismo en su casa con una pantalla más grande, y cuando necesite salir cogerá su iPhone, que tendrá las mismas características pero con prestaciones reducidas (de igual modo que el iPad las tiene reducidas respecto a un iMac).

Pero demos un paso más. Supongamos un mundo completamente conectado, un mundo en el que cada uno de nosotros llevemos encima toda nuestra información, un mundo en el que el ordenador de casa deje de tener sentido porque ya todo esté o bien en nuestro bolsillo o bien en la nube (joder lo que me cuesta decir esto último).

Imaginemos que el alumno entra en el colegio y su wareable se conecta al mismo y éste le descarga las lecciones y los ejercicios del día. Luego, en casa, el alumno hará los deberes sobre su wareable y al día siguiente, al volver al colegio, estos se descargarán en él y los profesores podrán evaluar el trabajo, e incluso se podrán estudiar los pasos intermedios que ha tomado para llegar al final. Quizás ni siquiera haga falta presentarse físicamente en clase, aunque creo que eso seguirá siendo necesario únicamente para fomentar las cualidades sociales del alumno.

Ahora pensemos en un repartidor, que va recibiendo en tiempo real todo lo que tiene que hacer, los cambios de última hora y demás (Bueno, esto ya existe, sobre todo en las empresas grandes). Pensemos en las oficinas, sin papel, cada uno con su wareable que va pasando documentos de un trabajador a otro…

Pues bien, creedme, el iPad es un paso más hacia ese concepto.