domingo, 1 de marzo de 2015

Trampa para canarios y el sector editorial

El primero en acuñar el término de trampa para canarios creo que fue Tom Clancy en una de sus primeras novelas sobre Jack Ryan. Al menos es ahí donde yo lo leí por primera vez, y como también lo he visto reflejado por otra gente, hemos de suponer que se trata de la primera referencia al tema.
¿Qué es una trampa para canarios? En la novela se trata de identificar a quién está filtrando documentos secretos, ya sea a potencias extranjeras o a los medios de comunicación.
El método consiste en que cada persona que deba ver un documento en concreto, se le suministra una copia con pequeñas variaciones en el texto. Una errata, un artículo cambiado, un espacio en blanco donde no deba haberlo… 
Cosas así. Evidentemente hay que anotar y guardar cada copia por separado y quién se le ha dado.
En cuanto ese documento aparezca donde no debe, tan solo hay que que verificar qué copia es y a quién pertenece. Salvo casos en los que yo tenga acceso a tu copia y use esa en concreto, el infractor se revela a sí mismo.
Evidentemente el filtrador debe desconocer el tema, o debe confiar que su copia es master y sin trampa. También se puede dar el caso de que quien filtre el documento sea una secretaria, o un pirata informático que se haya metido en tu (o en el) sistema.
Pese a todas las pegas, es un método muy útil y me consta que a más de uno lo han pillado así con las manos en la masa en la VidaReal(tm).
¿Qué tiene que ver todo esto con el mundo editorial y la piratería en internet? Pues os lo explico en seguida. No es algo que me hayan contado, ni algo que haya visto documentado en ningún lado, se trata de mi propia experiencia leyendo documentos electrónicos comprados y no comprados.
Ya sabéis que este no es un sitio que fomente la piratería (aunque sí defienda ciertos derechos de los usuarios que a los generadores de contenidos les guste identificar con la tal), así que si te han pillado o te van a pillar gracias a una marca de agua, básicamente te jodes.
Como os he comentado, suelo leer mucho documento online del tipo revista electrónica. Entre las revistas que leo de forma regular está el Asimov’s Science Fiction y el Analog SFF, junto con Scientific American y su versión en castellano, Investigación y ciencia. Aprovechando ofertas de aquí y de allá, también tengo otras suscripciones. 
En general Magzter y Zinio son mis amigos (Magzter ya no) pese a lo mierdosas que son las esas plataformas para leer. También leo los PDF cuando los hay, como es el caso de las dos revistas científicas.
Bueno, vamos al tajo. 
No sé is os habéis dado cuenta, pero a veces cuando estáis leyendo una revista, generalmente un PDF, aunque también ocurre dentro de los propios programas, aparecen una serie de palabras un poco difuminadas. A veces son pocas. A veces son muchas. A veces ni te das cuenta, sobre todo si tu pantalla no es retina (es decir, de alta definición).
No estoy completamente seguro, pero creo que se trata de la trampa para canarios de los editores. Hay varias razones que me llevan a pensar en ello. 
En primer lugar que si te bajas la revista justo el día que sale, apenas hay dos o tres palabras mal. Cuanto más tardes a bajarla, más palabras mal tendrás.
En segundo lugar, que si borras la versión local y te la vuelves a bajar, aparecen las mismas palabras mal y no otras, con lo cual esa “pauta” está asociada a tu número en concreto. Además, abras el PDF en el visor que lo abras, son las mismas palabras las que salen mal.
En tercer lugar, el problema aparece en muchos sitios y visores. Tanto en Magzter como en Zinio, pero también con los visores PDF por defecto de Apple. En donde no ves ningún error es en GoodReader.
En cuarto lugar, si te bajas una versión pirata del PDF, las palabras que se ven mal son otras (o ninguna). Este punto tiene mucha fuerza a favor de la teoría, ya que si fueran errores de la revista y no una marca de agua, o errores del visualizador, las palabras mal mostradas serían las mismas.
En quinto lugar, si te bajas diferentes versiones piratas, todas ellas difieren en unos pocos bytes en su tamaño. A fecha de hoy no creo que exista mucho el tema de la corrupción de ficheros, aunque también podrían ser marcas generadas por los propios piratas para comprobar quién y cómo redistribuye su propia versión.
Esto me lleva a concluir que los generadores de contenidos tienen localizados a quienes suministran versiones ilegales de los documentos. Hasta la fecha no he oído que se haya pillado a nadie por eso, lo que o bien destruye por completo mi teoría (que será lo más probable) o bien no les vale la pena hacer un escarmiento.
No sé, lo más seguro que se trate de una paja mental propia, pero el tema está ahi, encima de la mesa.
Hala, que no lo pirateen a gusto.









domingo, 15 de febrero de 2015

Magzter y Zinio, ¿trigo sucio? Y otros trucos más

Llevo ya varios años leyendo revistas en esas dos plataformas con sus aplicaciones respectivas. Para los que no lo sepáis, todas las revistas en la tienda de Apple pertenecen a la plataforma Magzter, así como las aplicaciones independientes para leer cada una de ellas.

Primer truco:
De hecho, si queréis tenerlo todo concentrado en una sola aplicación, podéis bajaros Magzter de la tienda y registraros con ella. Y tendréis todas las revistas en una sola aplicación que es lo que hago yo. En Windows 8.x y en Android, solo hay una plataforma, pero en iOS podemos tenerlo todo separado o junto.

Segundo truco:
¿Compráis las revistas desde iOS (iPhone o iPad)? Error. Ahí están un 30% más caras que si entráis en la Web, os identificáis con el mismo correo que en las aplicaciones y compráis lo que queráis desde allí. Mucho más barato y a veces incluso hay alguna oferta que te permite tener un año por una cantidad irrisoria.

OJO:
No sé si Zinio sigue o no esa táctica, pero Magzter sí. Se trata de que cuando compras una cantidad de números en la WEB (pongamos seis meses), en ningún lugar te dice que se trata de una suscripción pero en efecto así es. Es decir, que pasados los seis meses, esa revista que compraste por cincuenta céntimos cada número, el año completo te va a costar los mismos treinta euros que si fuera en papel.
A mi me han soplado 20 euros de Filosofía Hoy, he protestado y lo único que han hecho ha sido desactivar la suscripción, pero los euros no me los devuelven así les cante por soleares. Ya no se trata del dinero en sí, se trata de la mala praxis. 
Lo dicho, cruz en la frente. Mañana lunes iré al banco a bloquear cualquier cargo en los que aparezca la palabra Magzter y hablaré a ver si se les puede meter mano mediante VISA.

Ambas plataformas son muy mierdosas como medio de lectura, ya sea en una tableta o en el ordenador a través del navegador WEB. Apenas tienen opciones de personalización y la funcionalidad es escasa tirando a nula.
Y eso si no contamos lo mal implementadas que están en Windows 8, con un consumo de batería más que bestial y una calidad de presentación bastante mala.

¿Queréis leer más cómodamente? Pues entonces haced el

Tercer truco:
Esto se hace muy fácil en un iPad. En un Android es más complicado, sobre todo si es un Samsung con su peculiar sistema de captura de pantalla. Y en el PC o en las Surface, mejor no hablemos. Pero si tenéis un iPad, adelante:
  1. Bloquead el giro de pantalla y ponedlo en vertical
  2. Haced una captura de pantalla (botón de cerrar aplicación y de apagado)
  3. Pasad página.
  4. Id al paso 2.
  5. Cuando hayáis capturado la revista entera, id a un MAC o PC, bajad las fotos y generad un PDF.

Listo para leer en cualquier visor PDF sin los problemas que dan las aplicaciones oficiales.
Me da igual si es legal o no. Estoy eliminando una carencia de un software escrito con el culo, y es para consumo propio. Además, el día que Magzter o Zinio dejen de existir, mis revistas no desaparecerán.
Si pones ese resultado en internet, allá tu responsabilidad y allá también, tu cartera. Estad atentos a mi futura entrada sobre “Trampas para Canarios”.
Y ya que estamos con el tema de la piratería, os cuento algo curioso. Pese a tener compradas y estar suscrito a varias revistas a través de dichas plataformas, no estoy leyendo los números descargados con ellas, ni siquiera con tercer truco.
Estoy leyendo las versiones piratas descargadas del submundo. No so voy a contar cómo hacerlo, aunque es trivial.
¿Por qué pago si lo tengo pirata? En primer lugar porque entiendo que debo comprar lo que leo. A muchos os parecerá extraño, peor no estoy pagando a Magzter ni a Zinio, estoy pagando a los editores y los autores. Si pudiera hacerles llega mi parte del dinero saltándome al intermediario, lo haría. Pero como a fecha de hoy no es posible, mi honor personal me dice que debo pagar.
¿Por qué leo la versión pirata en lugar de la que he pagado? Porque es mejor. A veces se puede encontrar la versión ePub de la revista, pero en general yo prefiero la edición facsímil en PDF. 
En true PDF, que significa que el texto es texto y se puede marcar, seleccionar, copiar, etc.. Si haces zoom no se pierde calidad. Vamos, básicamente lo hago así porque 

La versión pirata es sensiblemente mejor que la comprada.

¿Habéis leído, intermediaros? Aplicaos la lección, porque así no vamos. No podéis quejaros. No tenéis derecho a ello.
Pero todavía hay más.
El número actual del Analog SFF es el de Abril. Yo tengo ya descargado y estoy leyendo el de Mayo. Hay dos o tres revistas en las que ocurre esto mes a mes. Se da incluso la situación de que hay disponibles números con hasta dos meses de adelanto respecto a la fecha de aparición no en la calle, sino en las ediciones electrónicas que suelen estar disponibles de forma oficial unos días antes.
Como ya he comentado, he terminado definitivamente con Magzter. Seguiré obteniendo los números que tengo comprados pero ya nunca más les compraré nada a ellos.
Eso significa que la única forma de obtener alguna revista va a ser a través de las zonas oscuras. Siento mucho que sea así, pero no creo que haya nadie más honesto que yo en estas lides y estoy hasta los mismísimos cojones de las prácticas desleales de muchas empresas.
(Por favor, Amazon, trae el Analog SFF y el Asimov’s de una puñetera vez a España. Será eso o la piratería).





lunes, 20 de octubre de 2014

Sigo sin entender los precios de los libros

Luego dicen que pirateamos, o que no publican porque no compramos, o cualquier otra variación ecarilotrópico-gmnésica inventada por las editoriales, pero es que hay algo que no entiendo ni aunque me lo metan con calzador en la cabeza.
El sábado (17 de octubre de 2014) estuve dándome una vuelta por Casa del Libro de Alicante. Esquivando a los chicos, que son un poco pesaditos con el si me pueden ayudar -ya pediré ayuda yo si no encuentro lo que busco-, encontré algunos libros interesantes.
Dejadme que me explaye a gusto.
Había, o todavía hay, una mesa con un montón de libros de divulgación. Parece ser que se trata de una campaña o algo así, porque incluso tienen un folleto que se titula Ciencia. Un viaje a través del conocimiento
La primera sorpresa fue encontrar un par de novelas de corte más o menos científico como El asesinato de Pitágoras o Una mente prodigiosa. Peor fue encontrar Punsetadas varias (tanto de él como de ella), que personalmente me parecen libros sobre majaderías fantastico-pirulis Juan Pelotilla.
La segunda fue encontrar imbecilidades supinas como Tu horóscopo personal 2015, La llegada de los dioses (von Daniken, ahí es nada) y, cómo no, ikeradas como Enigmas sin resolver (I) o La última puerta: experiencias cercanas a la muerte.
Sinceramente se me cae la cara de vergüenza ajena que puedan aparecer libros de ese tipo junto a obras más o menos serias. Es como si te sirvieran un pollo con guarnición de mierda y para beber, pipí de orangután.
Pero no es ese el motivo de escribir esto. 
El motivo es otro. Es una nueva demostración de que los precios en los libros son completamente aleatorios y no tienen ningún tipo de lógica más que el que las editoriales quieran imponer.
De hecho me vine con dos libros (más otro más que no viene al caso). El primero de ellos es Las máquinas de Leonardo, 240 páginas a todo color de papel satinado en gran formato y lomo cosido. Algo menos de 16 euros.
El segundo fue Leonardo da Vinci. Cuadernos. Unas 450 páginas con lomo pegado pero tapa dura con papel reciclado de bastante buena calidad. 13 euros.
Son dos libros traducidos al español. El primero de ellos requiere una laboriosa adaptación, pues está completamente lleno de dibujos e infografías. El segundo es más regular, pero también contiene un montón de ilustraciones insertadas en el texto.

16 euros y 13 euros. ¿Cómo cojones puede valer 23 euros una miserable novela que no es más que letras, papel y tapas?

sábado, 10 de mayo de 2014

GoodReader 4: Más de lo mismo, paga de nuevo y la decadencia de iOS

 

Ayer cuando volvía de trabajar me enteré de que GoodReader ha sacado una nueva versión de su visor de PDF. Ha pasado de la versión tres y pico a la cuatro.

¿Qué cambios trae? Sencillamente que ahora es una aplicación universal, por lo que no hay que pagar una para el iPhone y otra para el iPad.

De todos modos, leed hasta el final que creo que expongo una idea bastante preocupante y que algunos ya han previsto.


Hasta ahí vale, es buena idea y una ventaja para los nuevos usuarios.

¿Pero qué pasa con los que tenemos la aplicación desde el mismo día en que salió, a la vez que el ya mítico iPad 1?

Básicamente, pagar otra vez por lo mismo. Y como no puedes probar, pues si no te gusta, a sanjoderse tocan.

GoodReader es una increíble aplicación para leer y anotar PDF en las iCosas. De hecho la versión iPad salió a la vez que el propio dispositivo. No realmente así, pero fue una de las primeras aplicaciones específicas en estar disponible al cabo de unos días de la apertura de la tienda, por el módico precio de 0.75 euros (o algo así), y lo cierto es que fue una de las aplicaciones que me hicieron apostar fuerte por el iPad.

Yo al menos pasé de leer PDF en un portátil sentado en una silla o estar de mala manera en el sofá, a poder leer cómodamente prácticamente en cualquier sitio.

Conforme pasó el tiempo fue creciendo en funcionalidad hasta conseguir ser casi todo en uno. Entre las cosas a destacar está el hecho de que permite sincronizar ficheros en la nube. Es decir, tu anotas un PDF y lo dejas localmente en el iPad. Cuando quieres sincronizarlo todo, le das al botón adecuado y el programa se baja lo nuevo y sube los cambios.

Toda una gozada, vamos.

Sólo hecho de menos una cosa: poder ver las páginas en modo continuo y poder invertir los colores, poniendo el fondo en negro y el texto en blanco como si fuera un negativo, cosa que por cierto hacen la mayoría de visores PDF en Android.


Bueno, volviendo al tema que nos ocupa, GoodReader siempre ha ido actualizando su aplicación, excepto ayer que sacó una versión nueva, la 4, con supuestamente mejoras en la interfaz y en la funcionalidad, aparte del hecho de que ahora es una aplicación universal, lo que quiere decir que se puede instalar tanto en el iPhone como en el iPad con una sola compra.

Hasta aquí todo bien. El problema viene cuando la pagas y la instalas. Lo primero que hace es saltarte un aviso para que importes el contenido de la versión anterior, cosa que hace de forma impecable incluso con mis más de 32GB de ficheros PDF sincronizados con la nube. Y no tarda mucho a hacerlo.

Nos ha jodido. Y tanto que hace la importación de forma impecable. Como que son la misma aplicación. Igual de fea o casi, con la misma funcionalidad excepto algunas mejoras en la interfaz (ahora la parte del menú se puede replegar y se queda como una tirilla vertical), y otras en la parte de edición de PDF.

En concreto ahora se puede crear un PDF vacío para anotar, y también se pueden juntar y separar PDF, añadirles o quitarles páginas.

Vamos, que no vale una versión nueva ni de lejos.


Esto me lleva a plantearme una cuestión bastante seria y que es el motivo de esta entrada.

La empresa detrás de GoodReader ha tenido que volver a sacar una aplicación nueva para seguir teniendo ingresos.

Teniendo en cuenta que se trata de uno de los programas más útiles y funcionales de la Store, algo oscuro está pasando.

Imagina que tienes un negocio y que tienes que engañar (está claro que no es un engaño en sí, pero se le acerca), o más bien que emplear la picaresca de tener que volver a cobrar algo que ya se ha pagado, rompiendo en cierta medida las reglas imperantes hasta el momento y que sólo habían quebrado algunas empresas un tanto sinvergüenzas

El motivo más probable de todo esto puede deberse a la sencilla razón de que el mercado está saturado de aplicaciones y ya nadie sigue comprando.

Es decir, el modelo de negocio de las aplicaciones está en que para seguir ingresando dinero debe haber gente nueva que compre la aplicación. Cuando un usuario compra una, ya no tiene que volver a pagar por ella.

Por lo tanto elm modelo hasta la fecha queda un poco distorsionado. Antes también se pagaban las actualizaciones, como ocurre en Windows y en MAC, hasta que también llega el punto de saturación y se salta a la venta por suscripción.

Pero hay aplicaciones en las que dicho modelo no va a funcionar. En el caso de GoodReader seguro que no. Si no he pagado por suscribirme a Office (que pese a ser MVP no tengo gratis), no lo voy a hacer por un visor de ficheros…

Cuando la gente deja de comprar tu aplicación tienes dos salidas: diversificar negocio y crear otra nueva de otro tema diferente o intentar volver a venderla.

Y no hay más cera que la que arde. Me refiero a que haces eso o cierras.

¿A qué conclusión nos lleva esto? A una muy sencilla: el mercado de iCosas está más que saturado. Uno podrá comprarse el nuevo iPad con alas, pero su aplicación sigue (o debe seguir) funcionando sin problemas.

Si supiéramos el número de aplicaciones que ha vendido la empresa que ha creado GoodReader sabríamos el tope y el fulcro de crisis para diversificar o para saber los límites a donde se puede llegar.

Desde el principio para mi estuvo claro que esto iba a tener un tope, un máximo a partir del cual entraríamos en una meseta plana para las aplicaciones de valor añadido (como GoodReader). Creo haberlo comentado en algún lado pero ahora no consigo encontrarlo, y también me gustaría saber los números reales.1

Esto me lleva a la conclusión de que Apple ha entrado en una meseta de la que debe salir ya mismo si quiere seguir siendo lo que es en la actualidad. No hay nada malo en quedarse en donde está, hacer nicho como IBM o como no creo que tarde mucho a hacer Microsoft.

Son tiempos interesantes para vivirlos, se avecina una crisis de un par de cojones, aunque espero que sean capaces de verla y lo que es más difícil, evitarla.

Estad atentos al WWDC y a próximos eventos. Quizás la siguiente Apple sea Apple (ya sabemos que, en oposición a Microsoft -a no ser que lo demuestre ya mismo-, Apple sabe reinventarse), o quizás sea Samsung, pero lo más seguro es que si Apple no sabe o no puede, estemos más cerca de ver levantarse a alguien de la polvorienta China (leáse Xiaomi o similar)…

  1. Otro tema en el que no voy a entrar son las aplicaciones servicio (léase WhatsApp, Facebook) que durarán lo que dure el servicio al que estén representando y son independientes de la plataforma.

jueves, 17 de abril de 2014

Mucho miedo y pocas nueces. De Mobileread hablamos

Me toca mucho los cojones lo que me han hecho hace poco en Mobileread
El otro día me enteré de que la aplicación de Calibre puede importar libros de forma automática si se dejan en una carpeta. Es decir, tu dejas ahí tus libros, y cuando abres la aplicación esta mira, y si hay alguno, lo importa.
Bueno, pues basado en eso yo pedí que, aparte de importarlo, lo pudiera luego enviar por correo electrónico de forma automática. Es más, pedí que dependiendo de la carpeta se incorporara en una u otra biblioteca…
¡¡¡Y van y me lo cierran por fomentar la piratería!!!
La idea de todo esto no es el pirateo. En mi familia yo soy el bibliotecario mayor. Si mi madre quiere un libro, me lo pide. Mi novia me los deja en una carpeta compartida en Dropbox, y cuando yo los veo los paso a su biblioteca de Calibre y se los envío.
¿Se puede usar para piratear? Pues claro que sí. Pero no quiere decir que se vaya a piratear.

De hecho las armas pueden matar, y no por eso se dejan no solo de fabricar, sino de vender. Y para más inri, España es uno de los grandes productores, y no digamos los Estados Unidos, que a veces inician guerras simplemente para probarlas en condiciones reales… 
Pero claro, las armas matan, pero como las fabrican los mismos que controlan el cotarro, y les da bastante dinero, siguen con ello. Sin embargo, como esto mismo puede hacerles 
Y me toca mucho, pero no sabéis hasta qué punto, los cojones una acción así.
Me cago y me meo yo en esa libertad. La libertad del doble rasero, la libertad del haz lo que digo pero no lo que hago, la libertad de los intereses creados, la libertad de los poderosos y los intereses creados.
Lo dicho, me cago y me meo en ella.

Y no entremos en las editoriales que venden la misma versión que se puede encontrar pirateada por ahí. Sí, lo que lees: alguien piratea algo, y luego llega la editorial y pone a la venta eso mismo, sin siquiera cambiarle una coma.
O en las que te venden por diez euros algo que no vale ni tres. Pero todo esto ya se ha discutido largo y tendido, así que paro aquí.

No tengo nada personal contra los editores de Mobileread, ni mucho menos. Son gente sensata… y temerosa de los poderes fácticos. No querrán ir a Guantánamo acusados de terroristas culturales… en esta mierda de pseudodemocracia en la que está viviendo últimamente el mundo.
Hace falta una revolución social, algo así como la francesa, pero sin guillotina. Con cárceles oscuras, paseos de una hora diaria y biblioteca con cien libros que sean las últimas novedades de altísima calidad que los mismos que han sacado ahora se pudren en ellas.
Ya está bien de tanta mojigatería, tanto fascismo encubierto en democracia, tanto abuso de poder y tergiversación social, mierda de país y de mundo, y de todos sus gobernantes y poderes fácticos.
Que os den por el culo a contrapelo con una caña rajada.

Dixit.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Estamos rodeados de tontos

Leo aquí una de esas entradas, o artículos, o como queráis llamarlo, que hacen que me hierva la sangre a más no poder. 

Sinceramente, ese tío es tonto del culo. 

Es tonto del culo por muchas razones, la mayor de todas es que tiene más razón que un santo, pero, igual que muchos iletrados tecnológicos, ponen el carro delante del burro.

También existe otra opción, y es que este señor, que mi mujer dice escribe de forma bastante pedante y para lucimiento propio -yo no lo he leído ni creo, visto el caso, que lo haga-, esté haciendo el ridículo más espantoso por los cuatro y miserables duros que le han pagado por escribir esta burrada.

Digo, alguien quiere que se hable mal de las telefónicas y/o de los suministradores de banda ancha, le paga unas pelas a quien sea para que se ponga en ridículo ante el foro y sirva de vocero ante sectores interesados en, realmente, no sé qué.

Vamos, que no se le pueden poner puertas al campo, a lo más tender senderos que puedan conducir a los rebaños internautas, si estos quieren, claro, porque si no, como si lo vallan con alambre de espino fronterizo: la gente seguirá cruzando por donde quiera y porque sí.

Sea la opción que sea, me reitero en mi afirmación: tonto del culo.

A ver, que este señor tiene más razón que un santo, ya lo he dicho. Que la piratería es una lacra. Estoy con él.

Que la gente compra menos libros que antes. Estoy con él. Que los autores deben vivir de lo que escriben. Estoy con él. 

Que los datos que cita son ciertos. Pues no lo sé a ciencia cierta, pero deben ser ciertos, al menos en esencia. Digamos que también estoy con él en este sentido.

Hay otras afirmaciones en las que podría discrepar. Quizás se hayan dejado de vender libros porque en 2011 la crisis no era tan acuciante como ahora (un millón más de parados, mucha más gente por debajo del umbral de la pobreza), y quizás en esos millones que todavía son más pobres estén lo que antes compraban un libro.

Sí que tiene razón en algo: yo compro menos papel. Bastante menos. De hecho, creo haber adquirido este año no más de cuatro o cinco libros con soporte de árbol muerto, cuando en mis tiempos la tasa era de veinte o treinta.

Pero he comprado, sí, comprado, aproximadamente unos 50 ebooks. Más que en papel, de hecho he comprado tantos que mi the pila es bastante grande. Más que cuando no existía eso del eBook.

A lo mejor soy yo solo el que ha hecho ese 0,6% que cita el autor y todos los demás lo han pirateado todo. Pero resulta que no, que conozco a mucha gente que antes compraba papel y ahora bits.

Quizás sea que no han incluído a Amazon y su Kindle, y sólo reflejan las ventas de Libranda. Si ha sido así, siento ser tan duro: que se jodan, u os jodéis. Vosotros os lo habéis buscado, por intentar tergiversar (como hacéis siempre) el mercado. 

En román paladino: Libranda era una mierda, y lo es, y lo seguirá siendo.

Quizás si, quizás hayáis puesto los datos de Amazon. Cómo los habéis conseguido no lo sé, porque esa empresa no suelta prenda.

Quizás la gente no compra ebooks y piratea porque una media de 8 euros por ebook (que te crees tu eso, la media está entre 10 y 15 euros), y si no visita tiendas libranderas, es un robo a mano armada.

Que no, que un ebook lo formatea un profesional en dos horas, cuatro si quieres. De ahí a la plataforma de venta. Que el paso del documento original a uno válido para papel y electrónico dependerá de lo chapuzas que sea el escritor, pero es el único gasto igual (y que se puede compartir).

Poned una novedad a 6 euros, y a 3 cuando salga en bolsillo. Y los clásicos, a euro. Pero por favor, no uséis las versiones que ya hay por la red y son pirata. No es la primera vez que he comprado un ebook más o menos clásico y me he encontrado con que es la misma versión que anda por la red, pero empaquetado por una editorial que gana dinero a costa de la buena voluntad (sí, lo que lees, buena voluntad) de gente que pone sus medios y su tiempo para que esa obra que sólo está en papel, también lo esté en electrónico.

Pero me he ido por los cerros de Úbeda. He escrito aquí cosas que seguro se pueden matizar o incluso estar yo equivocado, pero sí que hay una que, de nuevo en el hilo del tema que nos ocupa, convierten al que escribió la entrada anterior en o bien un tonto del culo o bien en un perfecto iletrado tecnológico.

No sé qué es peor de las dos opciones, pero lo cierto es que un ebook típico pesa unos 300K (300 kilobytes), o sea, que no hacen falta precisamente 50 “megas” simétricos para poder bajarte unos cuantos. Un simple modem de 56K, como hace muchos años que ya no se ven, dan para bajarte una buena biblioteca en unas horas.

¿Capischi?

Por favor, a la próxima, defended mejor lo indefendible. A lo mejor hasta os sale bien y todo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Instalar iWork... sin iWork en Mavericks

Con iWork me refiero a las aplicaciones Pages, Keynote y Numbers, que forman el equivalente al Office de Microsoft. Si tenemos Mavericks es bastante sencillo de instalarlas sin haberlas comprado.

He de decir que esta forma no es ilegal, sino más bien a-legal en el sentido de que nosotros no vamos a hacer nada especial para obtener dicho software, sino que vamos a aprovechar un hueco que Apple, parece ser que consciente de ello, no ha resuelto.

En primer lugar necesitamos un equipo con Mavericks. Al menos uno. Me refiero a que una vez obtenidas las aplicaciones, luego instalarán en cualquier máquina, pero el proceso debe iniciarse en un MAC con este sistema operativo instalado.

Dado que la actualización a Mavericks es gratuita, no hay nada que nos impida tener la última versión en nuestros equipos.

El primer paso consiste en conseguir una versión de prueba de iWork’s ’09. ¿Cómo? Pues eso es cosa tuya, no mía. En mi caso yo tenía un DVD de uno de mis equipos antiguos, pero sé fehacientemente que se puede obtener de sitios de descarga alternativos.

No, no pirata, sino lugares como CNET y similares. Es cuestión de buscar un poco. Yo no voy a poner un enlace aquí, pero sí que os digo que la descarga no es ilegal en el sentido de que no estamos obteniendo software pirata.

Una vez que tenemos dicho DMG lo instalamos. Nos da una fecha de caducidad o la opción de comprarlo, evidentemente no vamos a hacerlo.

Mi consejo es que si eres un fanboy de pro como yo, seguro que tienes por ahí un DVD con la demo, o se la puedes pedir a algún amigo.

Vale, ahora viene el truco del almendruco. Coge un vaso medio lleno de agua. Exprime un limón entero y pon algo de azúcar… no no, espera, esto va en otro sitio.

No tienes que hacer nada más que lanzar una aplicación cualquiera de las instaladas y esperar.

Al poco te saltará un aviso de actualización. Y ya está, ahora en la tienda tienes las versiones completas (y nuevas) de las tres aplicaciones. Y sin límite de tiempo.

Si tras el aviso de actualización no ves nada en la MAC App Store, no te preocupes. Ve a Preferencia del Sistema, Idioma y región, añade inglés como lenguaje por defecto y reinicia. Ahora, con tu MAC en inglés, verás las aplicaciones como compradas. Vuelve a repetir los pasos para dejar el idioma en tu lenguaje nativo y vuelve a reiniciar.

Las aplicaciones deben seguir ahí.

***

De momento, nada indica que se puede repetir la misma cosa con el programa Aperture. Aquí la cosa es un poco más complicada porque al parecer necesitas la versión 3.0.3, que sólo está disponible en limitadísimos lugares, ninguno de ellos completamente fiables… aunque yo tengo un DMG de hace tiempo, así que estoy probando a ver en qué queda la cosa.

***

¿Ilegal? No. ¿Alegal? Posiblemente sí, pero creo que tampoco. Me explico. Tu instalas una versión de prueba de un software que estás interesado en comprar. Mientras lo estás probando te salta un aviso de que existe una actualización, que haces. (El hecho de que en España haya que poner el sistema en inglés es incidental. En mi caso lo tengo así). 

Una vez actualizado descubres que la marca de caducidad se ha ido.

Te pones en contacto con el fabricante, se lo comunicas y no hace nada. Nos consta que Apple sabe qué y cómo ocurre (y seguro que sabe quiénes lo han hecho y quiénes no).

Sin embargo no pone los medios técnicos para evitarlo.

Por lo tanto, de ilegal nada.

***

Siguiendo con el tema, ahora es momento de dejar limpio nuestro sistema. Tenemos que desisntalar las versiones antiguas, que siguen siendo demo. La solución más rápida es tirar a la papelera dichas versiones desde la carpeta correspondiente en Aplicaciones, pero eso deja el sistema un poco sucio.

Una solución alternativa es utilizar algo como Clean my Mac (que es el que yo tengo) y quitarlo todo. 

Luego vas a la tienda y reinstalas las versiones, que ahora están completamente limpias. Y si resulta que en al App Store siguen marcadas como instaladas, un reinicio del sistema es suficiente para que todo quede listo.

Y con eso y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.