domingo, 1 de marzo de 2015

Trampa para canarios y el sector editorial

El primero en acuñar el término de trampa para canarios creo que fue Tom Clancy en una de sus primeras novelas sobre Jack Ryan. Al menos es ahí donde yo lo leí por primera vez, y como también lo he visto reflejado por otra gente, hemos de suponer que se trata de la primera referencia al tema.
¿Qué es una trampa para canarios? En la novela se trata de identificar a quién está filtrando documentos secretos, ya sea a potencias extranjeras o a los medios de comunicación.
El método consiste en que cada persona que deba ver un documento en concreto, se le suministra una copia con pequeñas variaciones en el texto. Una errata, un artículo cambiado, un espacio en blanco donde no deba haberlo… 
Cosas así. Evidentemente hay que anotar y guardar cada copia por separado y quién se le ha dado.
En cuanto ese documento aparezca donde no debe, tan solo hay que que verificar qué copia es y a quién pertenece. Salvo casos en los que yo tenga acceso a tu copia y use esa en concreto, el infractor se revela a sí mismo.
Evidentemente el filtrador debe desconocer el tema, o debe confiar que su copia es master y sin trampa. También se puede dar el caso de que quien filtre el documento sea una secretaria, o un pirata informático que se haya metido en tu (o en el) sistema.
Pese a todas las pegas, es un método muy útil y me consta que a más de uno lo han pillado así con las manos en la masa en la VidaReal(tm).
¿Qué tiene que ver todo esto con el mundo editorial y la piratería en internet? Pues os lo explico en seguida. No es algo que me hayan contado, ni algo que haya visto documentado en ningún lado, se trata de mi propia experiencia leyendo documentos electrónicos comprados y no comprados.
Ya sabéis que este no es un sitio que fomente la piratería (aunque sí defienda ciertos derechos de los usuarios que a los generadores de contenidos les guste identificar con la tal), así que si te han pillado o te van a pillar gracias a una marca de agua, básicamente te jodes.
Como os he comentado, suelo leer mucho documento online del tipo revista electrónica. Entre las revistas que leo de forma regular está el Asimov’s Science Fiction y el Analog SFF, junto con Scientific American y su versión en castellano, Investigación y ciencia. Aprovechando ofertas de aquí y de allá, también tengo otras suscripciones. 
En general Magzter y Zinio son mis amigos (Magzter ya no) pese a lo mierdosas que son las esas plataformas para leer. También leo los PDF cuando los hay, como es el caso de las dos revistas científicas.
Bueno, vamos al tajo. 
No sé is os habéis dado cuenta, pero a veces cuando estáis leyendo una revista, generalmente un PDF, aunque también ocurre dentro de los propios programas, aparecen una serie de palabras un poco difuminadas. A veces son pocas. A veces son muchas. A veces ni te das cuenta, sobre todo si tu pantalla no es retina (es decir, de alta definición).
No estoy completamente seguro, pero creo que se trata de la trampa para canarios de los editores. Hay varias razones que me llevan a pensar en ello. 
En primer lugar que si te bajas la revista justo el día que sale, apenas hay dos o tres palabras mal. Cuanto más tardes a bajarla, más palabras mal tendrás.
En segundo lugar, que si borras la versión local y te la vuelves a bajar, aparecen las mismas palabras mal y no otras, con lo cual esa “pauta” está asociada a tu número en concreto. Además, abras el PDF en el visor que lo abras, son las mismas palabras las que salen mal.
En tercer lugar, el problema aparece en muchos sitios y visores. Tanto en Magzter como en Zinio, pero también con los visores PDF por defecto de Apple. En donde no ves ningún error es en GoodReader.
En cuarto lugar, si te bajas una versión pirata del PDF, las palabras que se ven mal son otras (o ninguna). Este punto tiene mucha fuerza a favor de la teoría, ya que si fueran errores de la revista y no una marca de agua, o errores del visualizador, las palabras mal mostradas serían las mismas.
En quinto lugar, si te bajas diferentes versiones piratas, todas ellas difieren en unos pocos bytes en su tamaño. A fecha de hoy no creo que exista mucho el tema de la corrupción de ficheros, aunque también podrían ser marcas generadas por los propios piratas para comprobar quién y cómo redistribuye su propia versión.
Esto me lleva a concluir que los generadores de contenidos tienen localizados a quienes suministran versiones ilegales de los documentos. Hasta la fecha no he oído que se haya pillado a nadie por eso, lo que o bien destruye por completo mi teoría (que será lo más probable) o bien no les vale la pena hacer un escarmiento.
No sé, lo más seguro que se trate de una paja mental propia, pero el tema está ahi, encima de la mesa.
Hala, que no lo pirateen a gusto.