domingo, 22 de agosto de 2010

¿Realmente creéis que nos vais a engañar?

Como todos sabéis –y si no ya os lo estoy contando yo-, un consorcio de editoriales españolas (por no decir otra cosa más fea) ha creado la plataforma Libranda para la venta del libro electrónico.

Libranda viene a ser la respuesta española a la venta del e-book en el idioma de Cervantes, o la plataforma única y centralizada para que cada editorial que quiera vender libros electrónicos tenga un lugar común y una plataforma ya hecha en dónde hacerlo.

¿A que suena bien?

Pues sí, suena bien, porque es lo único que hace, sonar. Porque para otra cosa no vale.

No quiero hablar del hecho de la centralización, que no es otra cosa que un cohecho para que nadie se escape con precios más baratos y asequibles (o si lo quieres ver de otra forma, una conspiración para mantener el precio del libro-e al precio que ellos quieran, saltándose a la torera cualquier pretensión de libre mercado).

Tampoco quiero hablar de la aplicación del sistema de DRM, propiedad de Adobe, que fuerza una bajada de pantalones generalizada para las editoriales, ya que tendrán que pasar por el aro en cuanto a lo que la empresa quiera hacerles.

Sí quiero hablar de la idea en sí y cómo se ha llevado a cabo. Vergüenza ajena me da, y mucha. De la desfachatez de esto señores. De su pretendida fachada de humildad y carencia de escrúpulos.

El que en España se pasen por el forro de los cojones las leyes de la libre competencia y libre mercado (a veces apoyadas por otras leyes creadas al efecto), sobre todo si son supuestas entidades generadoras de elementos culturales, con el beneplácito de los poderes fácticos (en caso de no serlos ellos mismos), con una puesta en pompa del culo político español, aceitado para que corra bien, eso es normal y ya estamos acostumbrados a ello. A la vista está en amplios sectores de nuestra España de charanga, pandereta y político corrupto (esto último es mío).

Pero para regodearse en el beneplácito y la paja mental, en el autobombo y platillo de llenarse la boca con la creación de una plataforma digital supuestamente innovadora y útil, eso, pese a ser más de lo mismo, por desgracia no deja de ser más de lo mismo. Más autocomplacencia. Más engaño. Más mentiras. Más mierda.

¿Cuántos libros hay en Libranda? En el momento en que escribo esto, 1218. Casi nada. Libranda tiene el fondo editorial español al completo. ¿Es eso realmente una tienda de libros-e? Sí, claro, vende ebooks, por lo que deberá serlo.

O en otras palabras: la oferta editorial española de libros electrónicos engloba la enormísima cantidad de 1218 libros. Ignoro si todos son novedades o son los que no se venden en papel, más que nada porque llevo un par de años sin estar al tanto de las mismas. ¿Para qué? ¿Para pagar 30 euros por algo que en USA puede valer 10 dólares?

¿Cuánto vale un libro-e de Libranda? Pues no lo sé. Sí, pese a haber estado en la web, y a haber hecho algunas búsquedas sin encontrar lo que estaba buscando, los que aparecen no tienen indicado el precio. A lo mejor es que los regalan.

Bueno, pese a no saber qué me va a costar, hago clic en el enlace de ya a la venta, donde supongo que podré comprarlo. Pero no, todavía no puedo hacerlo, porque ahora me aparecen una serie de tiendas… ¿Tendrán todas el mismo precio? ¿Cuáles pone delante? ¿Las más caras? ¿Por orden aleatorio? Omitamos los pensamientos que me surgen al ver esto y sigamos.

Clic en una de ellas. ¿Cómo? ¿No me lleva al libro? No, me lleva a la página inicial de la tienda. No, no es un error, Libranda te redirecciona a una tienda, no al libro de esa tienda, por lo que tengo que volver a buscarlo.

Si esto se debe a oscuras técnicas de márquetin, lo han conseguidos: son oscuras, tanto que se me quitan las ganas de comprarlo, máxime cuando sólo tengo que entrar en Google, poner el título y descargarme la versión pirata, que seguro está y aparece en la segunda o tercera entrada. Espera, espera, que estoy adelantando acontecimientos…

Supongamos que he llegado al final y que tengo en libro que quiero tener a un clic de comprarlo. Es entonces cuando veo el precio. Me levanto del ordenador, salgo al patio y grito, grito hasta desahogarme, tanto, que hasta hay una vecina que me pregunta si llama a urgencias… Luego entro y sigo escribiendo: 17 euros la versión en ebook, 24 la edición en papel. Ya sé por qué el precio no aparece en la primera página.

Creo que no hay nada más que decir. Cierro las tres ventanas del navegador que Libranda me ha abierto sin mi permiso, me voy a Google y me bajo la versión pirata. Listo.

***

Tengo un defecto, y es que me gusta racionalizar las cosas, o encontrarles el por qué o, como dicen mis padres, buscarle los tres pies al gato. Por cierto, expresión que nunca he entendido del todo porque si un gato tiene cuatro pies, también tiene tres. ¿Veis lo que digo?

Pero vamos a lo que vamos. Nadie puede negar que la WEB de Libranda está pésimamente desarrollada. Nunca se debe subestimar la imbecilidad humana, pero resulta que cuando una WEB tiene carencias de diseño suele deberse al propio diseño: querer hacer florituras en las que prime lo bonito frente a lo funcional. Cosa que no ocurre con Libranda: todo está clarito y bien indicado, con índices de libros, de editoriales, explicando el proyecto… todo a un clic de ratón y sin muchas fantasías flasheras o similares.

Por lo tanto sólo me queda pensar que a los diseñadores les han dicho que usen los libros sobre ergonomía y uso para limpiarse el culo en lugar de para aplicarlos en la WEB. Si no te has dado cuenta, entre los errores más garrafales está el no poner el precio del libro (supuesta excusa: cada editorial puede poner el que quiera. Realidad: todos tienen el mismo). El segundo es la redirección a las tiendas, que en lugar de llevarte a dónde quieres te lleva a ningún sitio.

Hay más ñapas. ¿Tan difícil es centralizar la venta en una sola plataforma? Amazon y otras tiendas lo hacen. Tu buscas y pagas en un mismo sitio, aunque luego los productos salgan de diferentes tiendas físicas o vendedores.

Por lo tanto, la única posible racionalización es que todo esto ha sido diseñado con ese propósito: hacer difícil las cosas. También pudiera deberse a la inherente imbecilidad de quienes han diseñado/construido el sitio, pero viniendo de donde vienen, creo que acierto con la primera.

***

Los precios. ¿Cómo es posible que un conjunto de bytes que pesan menos de un mega puedan valer tan caros? Ya he hablado por aquí de las excusas y las falacias (por no decir mentiras) que nos cuentan. Se ve que vale lo mismo tener varios almacenes llenos de papel, varias rotativas e impresoras, más almacenes para el producto acabado, una flota de camiones y de conductores para distribuir los libros, que tener un par de ordenadores conectados a internet. No me vale que son otros los que hacen la distribución y venta, porque el incremento está en el precio final del libro en papel, tenga quien tenga cada cosa.

Otra trola que nos quieren colar es la supuesta digitalización y maquetación. Claro, los escritores envían los originales en papiro o en tabletas de arcilla, y los libros en papel no se maquetan, simplemente se fotocopia el original y listo.

***

¿Sabéis a qué me lleva todo esto? Pues pese a no ser de los que creen en las teorías conspiroparanoicas, a creer en una de ellas.

Las editoriales han creado una plataforma de venta de libros electrónicos, pero la piratería sigue aumentando y las ventas son testimoniales, ergo dentro de algún tiempo irán a llorar a los del culo bajado y aceitado y a los de la grabadora y la cámara, a decirles que tenían razón, que en España la piratería es algo terrorífico y que hay que luchar en su contra. Claro, no se tendrá en cuenta el pésimo diseño realizado adrede, los altísimos precios y la inexistente oferta. No, eso no cuenta.

Lo malo es que tanto los medios de comunicación como los politicastros harán causa conjunta, o bien por interés o bien porque no tienen ni puta idea de lo que están tratando.

Pero desde luego, al paisano de a pie, al que realmente compra (o en mi caso compraba –ya os contaré sobre esto) libros, no. A nosotros no nos engañáis y, como ya he dicho otras veces, daros cuenta que somos los que con nuestros desembolsos hacemos que vosotros tengáis yates, apartamentos y querindongas.